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martes, 25 de marzo de 2014

Vikingos


Durante mi época laboral, ahora estoy jubilado, fui destinado a un pueblo de la costa onubense y recuerdo que cuando llevaba varios días acudiendo al despacho, me llamó la atención que algunos de los componentes de dos familias de la población, se diferenciaban  en sus rasgos de los otros que habitualmente recibía.
Eran altos, de complexión atlética, rubios y con ojos azules o grises y el ovalo de su cara era  anguloso como los nórdicos. Pensé que podía ser  su origen en algún emigrante  o “emigranta” que había contraído matrimonio con alguien del pueblo  y su descendencia había heredado  estas características.
Durante unos días  estuve dándole vueltas al tema, pero como no le encontrba una verdadera explicación, aparqué la idea.
Pero unos meses después, y leyendo una revista de historia que había recibido  por correo, me encontré con un relato sobre las visitas que hicieron los vikingos a nuestras costas cuando   en el año 844 pasaron por aquí camino de Sevilla, donde hicieron de todo; pegaron fuego a la ciudad, se llevaron toda la comida que había en los almacenes,  hundieron los barcos, los sevillanos fueron pasados a cuchillo y  las sevillanas, violadas, porque no respetaban  nada. Pero no contentos con eso, a muchos se los llevaron como esclavos.
El objetivo que tenían fijado los vikingos  era llegar a Córdoba, que poseia la capitalidad del Califato y en el que mandaba Abderraman II y éste que era muy listo y un buen estratega, rápidamente le cortó el avance, porque le salió al encuentro, repartiendo palos y de todo. Total que los vikingos vieron que Abderraman no estaba para bromas y se volvieron por donde habían venido.
Pero Al-andalus le había gustado a los nórdicos y volvieron a la carga, esta vez no pudieron hacer todas tropelías que la primera vez, porque ya Abderraman  los estaba esperando y envió toda su tropa disponible a Sevilla y los vikingos, “presintiendo que no eran bien recibidos”, siguieron su camino y marcharoin hacia el Mediterraneo, aunque la tropa iba mermada, porque aquí sufrieron muchas bajas en los enfrentamientos.
Después de leer todo esto, mi hipótesis sobre el origen de las familias “vikingo-onubenses”, tuvo que ser por la semilla que aquí depositaron los nórdicos, que no tuvieron muchos reparos ni respeto con las mujeres de nuestra zona.
                   Ángel Custodio Rebollo  

Publicado en Huelva Buenas Noticias, el 24 de marzo de 2014

martes, 18 de marzo de 2014

¿De Moguer o de Cartaya?
Estaba buscando unos datos en el “Diccionario de Conquistadores y Pobladores”, de Francisco de Icaza y hubo algo que llamó mi atención , decía “JOAN LADRILLERO, vecino de Colima y natural de Cartaya….”
Es normal que cuando haces investigación histórica encuentres lo que no estabas buscando, pero decir que Juan Ladrillero era de Cartaya, contravenía todo lo que yo conocía sobre éste celebre piloto moguereño, por lo que me animé a seguir indagando sobre el tema, que me parecía  muy interesante.
Este hallazgo hizo  que repasase libros de Diego Ropero y otros autores que conocen muy bien la biografía del de Moguer, hasta que tropecé con uno que nombraba a “Joan Ladrillero” de Cartaya como “Juan Fernández Ladrillero”, pero como en la época que vivió este hombre los apellidos o apodos se utilizaban a voluntad y el primero era el ultimo y a veces, por el que se nombraba a la persona, no tenía ninguno de los apellidos de sus padres, seguí investigando para ver cuál era el resultado final.
Ya con el nuevo nombre, como Juan Fernández Ladrillero también lo mencionan algunos autores como nacido en Moguer , busqué en el libro de Romero de Solís, “Andariegos y Pobladores de Nueva España y Nueva Galicia”, que recoge a los  pobladores  que fueron al Municipio de Colima, y allí encontré más datos sobre Juan Fernández Ladrillero y creo que ya me atrevo a esbozar una pequeña biografía de éste “Piloto Mayor”, el de Cartaya.
Juan, desde muy pequeño estuvo cerca del mar y era frecuente verle entre marineros en San Miguel del Arca del Buey, zona que hoy es conocida por “El Rompido”.y dependiente del municipio de Cartaya. Esta atracción por el mar hizo que tan pronto tuvo edad para navegar se enrolase como  tripulante de las embarcaciones que  marchaban a Indias, y según Romero de Solís, realizo hasta 1535 once viajes.
Aunque, se dice que era analfabeto, efectuó examen ante Sebastian Cabot para “Piloto Mayor”, y en 1538 llega a México con su nuevo título, en la flota de Pedro de Alvarado .y realizó múltiples misiones al servicio de la Corona, entre ellas; con el capitán Bolaños en el descubrimiento de poniente, a Perú donde se había producido la insurrección de Gonzalo Pizarro, fue a Guatemala; Panamá, Nicaragua, Acapulco e incluso hizo viaje a las Islas Filipinas, bajo el mando de Legazpi. Obtuvo permiso para, en unión de Juan Yañez, buscar perlas. En resumen, fue un hombre muy activo y era muy respetado..
Como la mayoría de los que se aventuraron en América, aunque estaban casados porque era muy incierta la aventura que emprendían, , marchaban dejando a sus esposas e hijos en Castilla. Juan Fernández Ladrillero estaba casado con Catalina Martín Toscano, residente en Palos y tenían un hijo llamado Pedro de las Casas. Al parecer por la influencia del Padre Garcia de Soto, que quería llevar para América a las esposas de  los españoles que aún vivían en Castilla, en 1548, vino a Palos para recoger a su familia.
A poco de regresar a Nueva España, Ladrillero pasó una enfermedad grave que le duró varios meses y estando en proceso de curación Diego de Almodovar  quiso que le vendiera unos terrenos que tenía en el valle de Alima, prometiéndole pagarle 625 pesos, cuando en realidad su valor era casi del doble. Como no cedía, estando aun enfermo, le visitó el Alcalde Mayor Espindola, amigo intimo de Almodovar, y le propuso que fuera a Perú como piloto, a lo que Ladrillero se negó por su delicada salud. Espindola  ordenó que lo prendieran y en la cárcel, le coaccionaron para  firmar la venta, por lo que Ladrillero se vió obligado a efectuar la operación.
En Colima, tuvo varios cargos públicos. En 1566 siendo alcalde ordinario, fue suspendido por el alcalde mayor, Alonso Sánchez de Figueroa, por una denuncia que había presentado contra él, Melchor Pérez.
Falleció en Colima, donde había fijado su residencia, aunque no se conserva su tumba, porque la zona  sufre frecuentes terremotos.
Aún hoy existe una gran confusión entre los dos Juan Ladrillero, el de Moguer y el de Cartaya, e incluso algunos autores dicen que fue la misma persona, pero el libro de Icaza recoge el dato muy interesante  que, en la presentación que hizo de sus méritos y servicios decía; “Joan Ladrillero, dize que es vezino de Colima, y natural de Cartaya, que es en el ducado de Béjar e hijo legitimo de Pero Alonso Ladrillero e de Antona Garçía; e que ha diez años que pasó a esta Nueua Spaña y siruió a Su Magestad de piloto mayor, en el armada de Don Pedro Aluarado; y fue con el capitán Bolaños en descubrimiento del ponyente, por mandado de Vuestra Señoría Ilustrisima por piloto, e a ydo en seruiçio de Su Magestad a otros descubrimientos e conquistas fuera desta Nueua Spaña”
Aparte de todo lo expuesto, tenemos otros datos, como por ejemplo que las esposas tienen nombres diferentes, porque la del moguereño se llamaba Francisca de Cabrera y la del cartayero, Catalina Martin Toscano, aunque esta última vivía en Palos, que está a escasos siete kilómetros de Moguer.
Por otra lado se confunden y mezclan las dos biografías, hasta llegar a llamar Juan Fernández Ladrillero a los dos, cuando al parecer solo uno de ellos poseía el apellido Fernández.
Los dos tenían el título de “Piloto Mayor” y los dos fueron con sus barcos a México, Perú y otras zonas de Centroamérica, pero se le aplican distintas fechas de nacimiento, porque si el de Moguer se dice que había nacido alrededor de 1490, el de Cartaya parece que lo hizo en 1512 aproximadamente.
He reunido tanta documentación sobre este tema, que recuerdo haber leído, pero no logro localizarlo, que mientras el de Cartaya estaba dictando testamento y enfermo en Colima, el de Moguer luchaba en Perú contra Pizarro.
En resumen, que me uno a los que dicen que existieron dos Ladrillero, y ambos procedían de la provincia de Huelva.
                           Ángel Custodio Rebollo

Publicado en “Huelva Buenas Noticias”

domingo, 9 de marzo de 2014

DESLINDES ENTRE SEVILLA Y NIEBLA

Ya sabemos lo difícil que es llegar a un acuerdo en la cuestión de los linderos, pero, lamentablemente, eso no es una cuestión actual, porque antes también ha ocurrido. Si esto pasa actualmente, cuando hay medios tecnológicos, cada vez mas avanzados para efectuar estos menesteres, que no sería en otras épocas, en las que hemos leído que para medir la distancia entre Gibraleón y Ayamonte, tardaron varios meses, ya que los hacían con grandes cuerdas.
Por eso al ver un relato de cómo se hizo el deslinde entre Sevilla y Niebla, no me ha causado sorpresa lo que se hizo para efectuar esa tarea.
El 25 de febrero del año 1400, se reunieron en Santa Maria de las Rocinas, los representantes de ambas partes y antes de iniciar las mediciones, se acusaron unos a otros de haber corrido los mojones , aunque como es lógico, los  acusados lo negaban.
Cuando se serenaron un poco los ánimos, emprendieron un recorrido para iniciar la señalización de los linderos, pero fue entonces, cuando a Diego Sánchez, alcalde de Almonte, le dijeron de todo menos bonito, porque le atribuían de haber movido los mojones de La Cañada.
Como perdieron mucho tiempo en discutir y en acusarse mutuamente, hubo que continuar los trabajos al día siguiente, encargándose de ellos Joan Martínez Monreal, por parte de Sevilla y Lope Suares, que era el partidor correspondiente a Niebla.
Aún existían dudas, por lo que fueron necesarios varios testigos, que fueron aportando sus manifestaciones, como Alfonso Pérez de Escacena, que dijo que hacía 50 años vino al lugar con un caballero de Sevilla, cuyo nombre no recordaba.
Por fin, el 27 de febrero llegaron a la Torre de Doña Mayor, en Villalba, donde hicieron el correspondiente documento de deslinde, en presencia, entre otros de Don Juan, el Conde de Niebla.

                                     Ángel Custodio Rebollo